Monthly Archives: October 2013

Supermán cruzado

En decúbito prono con brazos y piernas estirados, inspiramos y estabilizamos la zona central. Mientras espiramos, elevamos el brazo izquierdo y la pierna derecha unos centímetros sin que se mueva la pelvis. Inspiramos y mantenemos la posición tres segundos. Bajamos realizando una espiración.Inspiramos comprobando que tenemos estabilizada la zona central; elevamos el brazo derecho y la pierna izquierda unos centímetros durante la espiración. Mantenemos la posición unos tres segundos mientras inspiramos; con la espiración bajaremos la pierna y el brazo hasta la posición de partida. La pelvis debe permanecer inmovilizada (estabilización de la zona central) durante toda la ejecución del ejercicio. Repetimos el ejercicio 20 veces con cada lado.

Estabilizando la zona central IV. El insecto moribundo

En decúbito supino, doblamos las rodillas colocando los pies en contacto con el suelo. En esta posición y mientras inspiramos, lo primero que hacemos es estabilizar la zona central manteniendo las curvaturas normales de la columna. Tras fijar la pelvis, hacemos una respiración abdominal y fluida para comprobar cómo somos capaces de separar la musculatura implicada en la estabilización de la musculatura respiratoria. Manteniendo la estabilización de la zona central (pelvis en posición neutra), espiramos y elevamos la pierna derecha hasta que el pie derecho esté a unos 20 o 30 centímetros del suelo, lo importante es que la pelvis no se mueva. Inspiramos y mantenemos la posición tres segundos. Mientras espiramos, bajamos la pierna derecha y repetimos el ejercicio con la izquierda. Repetimos el ejercicio 20 veces con cada lado. En días sucesivos podremos elevar más el pie manteniendo la pelvis estabilizada.

No quería forzar

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Tengo que insistir en la sorpresa divertida que me causan las afirmaciones de algunos compañeros. Hoy le ha tocado a Borja López de Lamadrid. La frase no tiene desperdicio: «llevo toda la semana con molestias y no quería forzar». Así me explicaba que esta mañana hubiera optado por «solo» hacer media maratón de montaña: 21.097 m con 1650 m de desnivel acumulado sobre un terreno que la humedad había vuelto resbaladizo.

collserolaEs esa actitud la única que puede explicar la evolución que deportistas como él hacen cuando se enfrentan a una nueva disciplina. Cuando se inician en la natación. Tesón, concentración, dedicación son los mimbres con que personas como Borja tejen su excelencia. No adelantaré aquí fragmentos del diálogo que pronto publicaremos en la web, pero no será por falta de ganas. Me limitaré hoy a felicitar a Borja. Pronto podremos conocer mejor al hombre y al deportista.

¡¿Qué necesidad?!

Quique Torras segundo de su categoría
Jueves 3 de octubre
Al mediodía Quique Torras se presenta vestido de calle al entrenamiento, se ha lesionado el hombro, el dolor es tan intenso que no podrá entrenar. Le recomiendo que utilice la piscina de agua fría como terapia antiinflamatoria. Le pregunto si podrá participar en la próxima prueba que se ha inscrito. Me dice que sí, que allí estará y que si duele, que duela. Hace unos años que conozco a Quique y sé que es de esos deportistas que empujan los límites, que te mantienen en vilo.
Sábado 5 de octubre
A media mañana le envío un mensaje: «nádalo bonito». Después me doy cuenta de que a esa hora ya estará nadando si el dolor se lo ha permitido.
Al anochecer recibo un mensaje de Quique. El fuerte oleaje y la corriente ha obligado a cambiar el trazado, lo que iban a ser 4 km se han convertido en 5.4 km. «Una dura pero preciosa experiencia», dice. Y llega la foto, allí está, sobre el cajón, ha llegado segundo de su categoría. Del hombro, ni palabra.
Me relajo, sonrío y me pregunto de qué están hecho esos deportistas que siempre empujan un poco más allá el límite. Entonces, recuerdo aquella expresión socarrona con que disimulan su zozobra algunos canarios: ¡¿qué necesidad?!
Enhorabuena, Quique

La otra orilla

Esta tarde había quedado con algunos amigos para nadar en la playa de la Barceloneta (Barcelona). Al llegar el viento soplaba con fuerza y las olas batían fuertes y desordenadas. El mar estaba revuelto.

Rosa y yo decidimos acercarnos a la orilla y valorar si era factible nadar. En ese momento salía del agua un surfista, nos dirigimos a él para saber cómo estaban las corrientes. Fue cuando nos enteramos de que no había salido por el estado de la mar, lo que le había puesto en peligro eran los golpes que recibía de los desechos de nuestra abundancia.

Regreso a casa. Un poco más allá, en la misma orilla, cientos de hombres, mujeres y niños han perdido su vida. La desesperación les ha traído demasiado lejos; sus sueños y esperanzas han naufragado ante la impotencia de las gentes de la mar que luchaban por salvarlos. Ahora, esas gentes podrían tener que responder ante la ley por ayudar a inmigrantes ilegales.

Un ya muy cansado papa Francisco decía «sólo me viene la palabra vergüenza, es una vergüenza».

Hoy nadar no hubiera sido un placer. Hoy sentimos la vergüenza de saber que la otra orilla está aquí para mostrarnos la imagen de lo que también somos.

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