Estabilizando la zona central IV. El insecto moribundo

En decúbito supino, doblamos las rodillas colocando los pies en contacto con el suelo. En esta posición y mientras inspiramos, lo primero que hacemos es estabilizar la zona central manteniendo las curvaturas normales de la columna. Tras fijar la pelvis, hacemos una respiración abdominal y fluida para comprobar cómo somos capaces de separar la musculatura implicada en la estabilización de la musculatura respiratoria. Manteniendo la estabilización de la zona central (pelvis en posición neutra), espiramos y elevamos la pierna derecha hasta que el pie derecho esté a unos 20 o 30 centímetros del suelo, lo importante es que la pelvis no se mueva. Inspiramos y mantenemos la posición tres segundos. Mientras espiramos, bajamos la pierna derecha y repetimos el ejercicio con la izquierda. Repetimos el ejercicio 20 veces con cada lado. En días sucesivos podremos elevar más el pie manteniendo la pelvis estabilizada.

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