La longitud de una brazada

Contrapicado subacuático de Rosa Arévalo nadandoEn un reciente entrenamiento con uno de los grupos de Madrid, una de las nadadoras, Belén, tras realizar uno de los ejercicios técnicos, exclamó: ¡qué larga es una brazada!

Efectivamente, una brazada es muy larga. Necesita desarrollarse en el espacio y en el tiempo. Está llena de detalles importantes: la entrada, el agarre, el tirón, el empuje, el recobro. De pronto, nos apercibimos de que no se trata de pasar la mano; de que ese acto, que hasta entonces considerábamos simple, está lleno de pequeños detalles que debemos cultivar si queremos desarrollar todas las posibilidades que nos ofrece.

En natación, y supongo que en todas las actividades humanas, una práctica cuidadosa nos lleva a la percepción de la dimensión, de los matices. Aquello que se nos antojaba simple, comienza, ahora, a desplegar todas sus sutilezas.

En el acto de la transmisión, el entrenador, el enseñante, nos acerca una parte de la historia de esa práctica, nos acerca las reflexiones y las percepciones de algunos de los que nos han precedido en esa práctica, incluidas las de él mismo.

En el momento en que el practicante descubre en su práctica, en su experiencia, en su cuerpo, la dimensión y la profundidad del acto, se convierte en integrante de ese autor colectivo que supone toda actividad cultural. Es ese el momento en que un entrenamiento deja de ser una repetición para convertirse en un acto de creación. El nadador hace existir su brazada. Una creación que nace de esa combinación de deseo de saber y de lúdica indagación en la que la trasmisión encuentra toda su fertilidad.

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