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Diálogo con Álvaro Suárez*

La imagen que ilustra este diálogo es provisional, fue obtenida durante una sesión de Skype. En el momento que entrevistado y fotógrafo puedan coincidir físicamente, será sustituida.

Captura de pantalla durante una sesión de Skype con Álvaro Suárez

Ricardo Sánchez: ¿Cómo llega un jugador de rugby a la natación?

Álvaro Suárez: Es obvio que se trata de dos deportes que poco, o nada, tienen en común. Probablemente el único punto convergente es la rehabilitación de las lesiones, que en deportes como el rugby, el fútbol o el balonmano son frecuentes. En caso de lesiones menores, como los esguinces, lo habitual es utilizar la piscina como método de recuperación activa. Pero la relación con el agua, en estos casos, es transitoria y solo ocupa un espacio limitado en el tiempo. Ese fue también mi primer contacto regular con la natación como deporte, y no entendida como divertimento estrictamente estival. Observaba a otros nadadores más experimentados deslizarse en el agua y, sin mucho éxito, intentaba imitar esos mismos movimientos. Eso sí, pude experimentar mis primeras «sensaciones de agua» y repetía la experiencia cada vez que podía.

Tras varias lesiones —algunas de mayor importancia—, en 2011 decidí dejar el rugby y sustituirlo por un deporte que pudiera practicar a largo plazo sin que este tuviese un impacto negativo en mi salud. La natación era mi primera opción, pero existían dos elementos disuasorios; mi condición de nadador «no nativo» y la ausencia de estructuras que faciliten el aprendizaje de personas con este perfil. Casualmente, un día te expliqué todo lo anterior sin saber que tú eras entrenador de natación. Obviamente, me ayudaste a tomar la decisión y, hasta hoy, no he dejado de pensar que ha sido un cambio muy positivo. ¡Y solo llevo dos años nadando!

RS: ¿Cómo fue tu encuentro con la natación? ¿Qué impresión te causaron tus primeros entrenamientos? Todo debía resultarte muy distinto a tus entrenamientos en deportes de equipo. Si no recuerdo mal, también habías sido jugador de fútbol…

AS: Sin duda, desde el primer momento todo fue distinto. Es más, fue como si hubiera cambiado de actividad, como si se tratase de una disciplina artística y no deportiva, en la que la expresión corporal tomara protagonismo. Probablemente esto se deba a la percepción del esfuerzo que difiere mucho entre los dos deportes practicados hasta entonces, fútbol y rugby, y la natación. Se mantiene una estructura común que comienza por la repetición de ejercicios de técnica y táctica, trabajos de desarrollo de fuerza, resistencia o potencia y termina con una puesta en práctica que permite naturalizar los movimientos. Dicho así se asemeja a los entrenamientos de natación, pero te puedo asegurar que en todo momento reina la sensación de llevar el cuerpo hasta la extenuación, una sensación de sufrimiento. En cuanto a la natación se disfruta más en el proceso de aprendizaje y en la puesta en práctica, el límite está en lo que tú mismo te quieras exigir y lo que tus propias sensaciones te dicten. También puede ser porque ahora me lo tomo con más calma y me dedico solo a nadar por placer. Depende de cada nadador, ¿no crees?

RS: Sin duda, la posición del nadador tiene una importancia capital en la forma de entender la actividad deportiva. Sin embargo, creo que no es menor la influencia que ejerce la concepción del entrenador. Si un entrenador está orientado a los resultados a corto plazo, su interés estará en la eficacia con que se logra el objetivo inmediato; pero si el entrenador está orientado al proceso, su prioridad será trabajar en la eficiencia, en la calidad técnica, en la excelencia de la ejecución. A esta segunda orientación ha contribuido un mayor conocimiento científico y la revolución en la concepción de la conciencia corporal producida en occidente durante el siglo XX. Esta orientación es más reciente, y no siempre se conoce o se tiene la posibilidad de elegir. No creo que el placer de nadar excluya la posibilidad de abordar desafíos exigentes. ¿No piensas que un nadador orientado a la búsqueda del placer de nadar puede sentirse muy frustrado en un ambiente orientado exclusivamente a los entrenamientos extenuantes?

AS: Sí, eso es seguro. Lo más probable es que, en ese caso, el nadador termine por dejarlo a largo plazo, ya que no se trata del mismo deporte que le motivó a entrenarse. Te voy a poner un ejemplo que me viene a la mente: el esquí. Imaginemos que un adulto, del nivel que sea, decide tomar clases para mejorar su técnica. El instructor, tras haber consolidado los conceptos básicos, decide que el adulto ha de prepararse para bajar la pista a la mayor velocidad posible con tal de llegar al pie del remonte. El objetivo inicial era otro, pero el esquiador se ha pasado al esquí de velocidad o al slalom sin haberlo decidido. Lo más probable es que el esquiador en cuestión cambie de instructor o emplee su tiempo en aprender de forma autodidacta para disfrutar de todos los aspectos que componen el esquí, entre ellos la sensación de velocidad. Salvando las distancias, en la natación sucede lo mismo.

RS: Has elegido, Álvaro, un deporte sobre el que, por desgracia, lo ignoro casi todo. Pienso que en natación, en esquí, y me temo que en casi todos los deportes, la responsabilidad del entrenador es ofrecerle a cada persona la formación más cuidada y personalizada posible. Luego, cada cual dispondrá de sus opciones. Habrá quien opte por la competición y habrá quien opte por alternativas menos extenuantes. Retomo tus palabras: refiriéndote a tus primeros entrenamientos de natación decías que los experimentaste «como si se tratase de una disciplina artística y no deportiva, en la que la expresión corporal tomara protagonismo». ¿No te sucede lo mismo cuando ves competir a los corredores africanos?

AS: Exacto, cuando veo a los fondistas africanos me da la impresión de que corren con la misma armonía y elegancia en cualquier ámbito, bien sea en el maratón de unos Juegos Olímpicos o bien en una carrera para no perder el autobús. Simplemente, es su forma natural de correr, sin aditivos. No hay discusión respecto a la supremacía de sus resultados, pero lo más admirable es que no hay síntomas de esfuerzo, sino de placer sostenido durante la carrera. Parece que están jugando con su cuerpo y, en cierto modo, esa es la misma sensación que tengo con la natación.

RS: Algo muy parecido percibió Scott Jurek (2013) en su encuentro con los indios tarahumaras o rarámuri (corredores): «su forma de marchar era fluida y económica. Daban zancadas cortas, posándose con delicadeza sobre la zona media-anterior de los pies. No había energía desperdiciada de lado a lado y su postura era abierta en los hombros, relajada». En otro momento dice de ellos: «Corren -y viven- con gran eficiencia». Pero volvamos a tu experiencia con la natación, ahora te has trasladado a París y entrenas con un equipo máster de tu distrito. ¿Qué ha supuesto ese cambio para ti?

AS: Desde un punto de vista social la natación ha facilitado mi adaptación aquí, ya que llegué a una ciudad nueva con muy pocos contactos y muy rápidamente me pude integrar en un grupo de nadadores, con los que comparto no solo entrenamientos sino también hábitos e intereses. En definitiva, un fantástico agente socializador que me recuerda mucho al de ser propietario de un perro.

En cuanto a lo deportivo, el cambio ha sido radical. En primer lugar, aquí hay mucha cultura de la natación, de hecho, desde principios del siglo XX se enseña la natación a los más pequeños, y desde la década de los setenta la enseñanza es obligatoria para todos los franceses, tanto en la educación pública como en la privada. Se supone, pues, que todos los franceses nacidos a partir de los sesenta saben nadar en los cuatro estilos y son totalmente autónomos en el agua. A mi entender, esto tiene un efecto perverso ya que se considera que el aprendizaje de la técnica es cosa del pasado y se produce un efecto de polaridad muy sorprendente. Por un lado, están los nadadores poco habituales que acuden a las piscinas en los horarios públicos de apertura —muy limitados— y practican un deporte similar a la natación, ya que en una misma calle puede haber quince personas al mismo tiempo. Por lo general, esos nadadores no pueden evolucionar técnicamente y su condición de nadadores poco habituales, desafortunadamente, es invariable con el tiempo. En segundo lugar, están los clubs de natación que disponen de horarios exclusivos y calles reservadas. Suele tratarse de un conjunto homogéneo de nadadores que han sido practicantes desde la infancia, con lo cual el objetivo de los mismos es la mejora de los resultados en la competición. Entre los dos grupos existen apenas alternativas y son altamente impermeables, es muy difícil ver nadadores máster que hayan comenzado a nadar en la edad adulta, como es mi caso.

Sin embargo, puedo decir que tuve mucha suerte, puesto que el club de mi distrito había creado una nueva sección de másters «no nativos», un par de meses antes de mi llegada, así que encontré mi sitio en seguida. Eso sí, el resultadismo y los entrenamientos dedicados a la mejora de las marcas forman parte de la cultura grupal, así que he tenido que adaptar mis objetivos —inicialmente de mejora de la técnica— a las nuevas circunstancias. Ahora, esa percepción artística que te comentaba previamente ha desaparecido, al menos en gran parte.

RS: Abres algunos temas muy interesantes, Álvaro. Si me lo permites, me gustaría seguir tu reflexión sobre lo que has dado en llamar «cultura de la natación». Si por cultura entendemos la alfabetización, saber leer y escribir, está claro que hay una cultura de la natación. Algo, por otra parte, muy importante. Esa autonomía en el agua que mencionas evita muertes. Pero si por cultura entendemos, con la RAE, el «Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico»; entonces, la alfabetización no es suficiente. Se requeriría un cultivo de las artes natatorias que permitiera a un sujeto ejercer otro tipo de autonomía: la de elegir, la de optar, la de ejercer el juicio crítico. Esto es, que la cultura grupal no suponga el sometimiento del sujeto, que haya espacio para el debate, para la disensión, para la creación. Que la cultura entendida como tradición pueda ser interrogada, cuestionada y modificada por la innovación. Cosa que, por cierto, sucede en los centros de alto rendimiento y cada vez más en los clubs de natación. Grupos en los que se dedica gran cantidad de medios a la investigación y el perfeccionamiento de la técnica. A eso que tú has denominado percepción artística, y que es la base de los verdaderos avances en natación, incluida la mejora de las marcas. Lo otro, las sesiones agotadoras que ignoran la técnica y se centran exclusivamente en las capacidades metabólicas, hace mucho tiempo que ha demostrado tener un muy corto recorrido. En otras palabras, es la incultura en natación la que opone el perfeccionamiento técnico a la mejora de los resultados. Respecto a lo que comentas de los grupos deportivos como agentes socializadores, estoy completamente de acuerdo contigo. En nuestro pequeño grupo presencio cada día cómo la hospitalidad, tema al que Jacques Derrida (1997) dedicó un muy interesante texto, hace de la experiencia deportiva un lugar de encuentro, indagación, debate y mejora de las personas. Un espacio en el que las diferencias individuales se ponen en juego en los momentos extenuantes y en los de plácida belleza plástica, momentos que a veces nuestros compañeros consiguen integrar. ¿A qué atribuyes esa dificultad de entender la importancia de la técnica que tú observas en los clubs de base?

AS: Según mi entender, hay varios elementos a tener en cuenta. En primer lugar está el resultadismo como dogma social, que no solo afecta al deporte sino a todos los ámbitos de la sociedad. Los clubs miden su éxito por el número de competiciones —locales o nacionales— y por el resultado de sus nadadores —en forma de medallas o de récords—; son los únicos indicadores que utilizan para comprobar si su metodología tiene éxito o no. Como consecuencia de esto aparece otro factor: las subvenciones de los gobiernos locales. Cada club envía los resultados obtenidos a su administración de referencia, y esta a su vez los hace públicos en su boletín oficial o en su periódico. Por lo que he podido ver, solo se hacen públicos los resultados excelentes, así que el club en cuestión siempre tiene un gran interés en presentar muchas medallas para poder justificar la continuidad de la subvención.

Por otro lado, está la responsabilidad del nadador y su paciencia durante el proceso de aprendizaje. Por lo que he podido experimentar, la mejora de la técnica requiere de más tiempo de trabajo que el desarrollo del metabolismo. No creo que muchos nadadores máster estén dispuestos a pasarse meses trabajando solo la técnica y viendo cómo sus resultados permanecen invariables. Los clubs fomentan la inmediatez, pero también son víctimas de la misma cuando sus nadadores les exigen resultados a corto plazo. Es un círculo vicioso muy difícil de romper. Como bien dices, se trata de ponerse en duda a uno mismo deconstruyendo lo aprendido —lo que llamas alfabetización— y adoptar una posición crítica por parte de los clubs y de los propios nadadores.

Nunca he practicado artes marciales, pero me parece interesante el modo que tienen de medir la evolución del ejercicio por movimientos aprendidos y no a través de las victorias obtenidas. Lo mismo sucede con otros deportes modernos para el gran público, como el surf, donde se evalúan también los gestos técnicos. Yo tengo una teoría muy personal al respecto, creo que el movimiento olímpico moderno tuvo un valor social desde principios del siglo XX y termina a finales de la década de los 80, cuando aparecen los grandes escándalos de dopaje en atletismo. Se han invertido muchos medios en evitar el uso de sustancias prohibidas, pero no se ha hecho ningún esfuerzo en comprender la razón por la que se produce el dopaje y su repercusión en la sociedad. A lo mejor deberíamos plantearnos si el atletismo o la natación, entendidos desde la perspectiva olímpica, representan el modelo deportivo que requiere la sociedad actual.

RS: Aunque creo entender y compartir lo que quieres decir con resultadismo, no estoy muy seguro de que sea la búsqueda de resultados la que explique esa falta de interés por la técnica que tú has observado, que en mi opinión es cada vez menos frecuente en los ámbitos profesionales. Te pongo un ejemplo: un entrenador tan reconocido como Bill Sweetenham afirma, en el prefacio a su libro del 2003: «Technique is important for all swimmers because speed is a result of efficiency», y eso lo dice el entrenador que introduce la periodización inversa; esto es, un entrenador que ha investigado e innovando en la programación del entrenamiento en las diferentes zonas metabólicas. Parece, pues, que si lo que se busca es resultados, habrá que trabajar la técnica. Parecería, más bien, que puestos a usar un término habría que hablar de «atajismo»; es decir, la opción de elegir atajos un poco tontorrones, me temo, porque impiden que la persona desarrolle todo su potencial. Que los diferentes agentes sociales se sumen a esto no es muy sorprendente; hay muchos entrenadores altamente cualificados que tiene que resistirse al «atajismo» de algunos padres que prefieren que sus vástagos suban a los podios pronto, aunque sea al precio de impedirles una mejora en el futuro. Respecto a lo que comentas de los nadadores máster, mi experiencia no es exactamente la misma. Lo más frecuente es que desde el primer entrenamiento descubran que una pequeña corrección técnica produce una importante mejora de su eficiencia, lo cual suele derivar en una posición muy entusiasta e inquisitiva sobre el entrenamiento técnico. Por otra parte, en nuestros grupos de entrenamiento, la ejercitación técnica se realiza dentro de la programación del trabajo en las diferentes zonas metabólicas. No se trata de oponer concepciones teóricas, sino de enriquecer la experiencia de cada persona con el objetivo de que pueda desarrollar todo su potencial. Otra cosa bien distinta es lo que denominas perspectiva olímpica, que parece ser lo propio de nuestra condición humana: ir siempre más allá, empujar un poco más los límites. Es eso que resulta a la vez admirable y temible de nuestra condición. El dopaje es tan viejo como el deporte y, en mi opinión, responde a la misma ambición humana. La sociedad instituye un marco; te da una leyes, unas reglas, traza una frontera que todos debemos respetar. Así, decidimos que aceptamos el uso de la cafeína y que prohibimos el del clembuterol. Es la ley la que delimita el delito, pero no impide la práctica de la estimulación. Pero también es cierto que paralelamente a la escalada del dopaje se está desarrollando una enorme cultura de la nutrición en deportistas de alto rendimiento y de pruebas extremas. Me consta, por cierto, que eres una persona preocupada por la alimentación. ¿Qué tipo de dieta estás siguiendo en este momento?

AS: Sigo la misma dieta desde hace varios años, con los ajustes propios de nuestro cambio de región y la adaptación a los productos locales. Intento respetar la lógica de una alimentación basada en hidratos de carbono en forma de cereales —integrales a ser posible—, frutas y verduras, lo que supone más de la mitad de los alimentos que ingiero. Por otro lado, proteínas de origen vegetal, mayoritariamente legumbres, frutos secos o semillas, y lácteos (salvo leche). Y todo esto unido al pescado y a los huevos (mi consumo de carne es realmente excepcional, un par de veces al mes como mucho), que supondría el tercio restante de la cantidad de alimentos que consumo. Por supuesto siempre hay espacio para algún capricho en forma de pastel... He de decir que aquí, en Francia, es muy fácil dejarse seducir por los dulces, aunque trato de hacerlo de forma excepcional, una vez a la semana. No puedo olvidarme del aceite de oliva que consumo, siempre en cantidades reducidas, en casi todos los platos que preparo. Evito la mantequilla o derivados. En cuanto a las bebidas, básicamente consumo agua y café solo con un poco de azúcar moreno. Este ha sido uno de los principales cambios que he realizado en el último año; antes tomaba café con leche y azúcar blanco y su efecto era nefasto en las digestiones. Desde que evito la leche y cambié el tipo de azúcar me va muchísimo mejor, aunque el objetivo es dejar de endulzar el café y tomarlo sin aditivos en la siguiente etapa. En cuanto al alcohol, solo tomo vino o cerveza como excepción semanal. Como puedes ver, es una dieta muy común aunque introduzco pequeños cambios cada cierto tiempo, como el del café, para adaptarme mejor a mi estilo de vida y a mi organismo.

RS: ¿Observas alguna relación entre los cambios que vas introduciendo en tu dieta y tu respuesta a los entrenamientos? Por otra parte, me gustaría saber si sigues alguna pauta de hidratación antes, durante y tras el ejercicio físico.

AS: No de manera general, aunque sí es cierto que cuidando ciertos detalles previos al esfuerzo puedo sentir una mejora notable de las sensaciones y la respuesta al esfuerzo prolongado. Por ejemplo, antes no tenía mucho en cuenta el tiempo transcurrido entre la última ingesta y el esfuerzo físico aunque, obviamente, mantenía un margen de tiempo aceptable entre ambos, unas dos horas aproximadamente. Desde hace un tiempo siempre respeto un mínimo de tres horas de diferencia y consumo hidratos de carbono únicamente, como pasta o arroz. No he vuelto a sufrir pájaras y siempre tengo la sensación de terminar mejor el entrenamiento que cuando lo empecé.

La hidratación antes, durante y después de los entrenamientos ha sido, igualmente, un cambio muy satisfactorio. Como en el caso del tiempo transcurrido entre la última ingesta y el esfuerzo, no cuidaba en absoluto mi hidratación y bebía cuando tenía sed, lo cual coincidía con el final del entrenamiento. Desde que respeto las pautas de una hidratación previa y, especialmente, durante el entrenamiento no he sufrido agujetas ni migrañas tras el esfuerzo. Mis pautas presentadas de modo general son: a) antes del esfuerzo suelo beber un litro de agua de modo gradual entre las tres horas y los treinta minutos previos a la sesión, b) durante el entrenamiento injiero pequeños sorbos de agua regularmente. En total bebo una botella de 75 cl c) tras el entrenamiento vuelvo a beber otros 75 cl en las dos horas posteriores.

RS: ¿Cómo te planteas tu futuro en la práctica de la natación?

AS: Tal como te comentaba previamente, mi motivación inicial era asumir la práctica de la natación como un proyecto de aprendizaje a largo plazo, sin prisas. Tomando prestado tu comparación previa, actualmente estoy en pleno proceso de alfabetización natatoria, y me gustaría dedicarle el tiempo adecuado a esta etapa. Se trata no solo de mejorar la técnica en cada estilo, sino de comprender cómo se adapta mi cuerpo a ese proceso. A posteriori, me gustaría afrontar más competiciones en piscina y aguas abiertas, añadiendo otros factores como la estrategia. De momento mi participación en estas ha sido puramente iniciativo y me he limitado a lanzarme al agua, intentando no adelantarme a la señal, y nadar lo más rápido posible sin dosificar ni medir mis sensaciones en carrera. Entiendo que para llegar a ese grado de entendimiento necesito unas cuantas carreras más, así que no me preocupa en exceso.

A largo plazo me gustaría compaginar la natación con otras actividades de ocio, como los viajes personales. Sería estupendo hacer travesías que combinasen viajes temáticos y el descubrimiento de nuevos destinos desde el agua. Igualmente, se requiere un esfuerzo de aprendizaje de la técnica y los conocimientos paralelos (seguridad, vías de navegación, etc.) que me encantaría iniciar en los próximos años.

De todos modos, ahora me limito a disfrutar de cada entrenamiento y espero que no deje de ser así en el futuro.

* Nace en Madrid en 1983. Licenciado en Gestion empresarial y Master en Gestión Turística Universidad de Niza. A caballo entre Paris y Lucerna. Nadador desde 2011.volver

Bibliografía:

Derrida, J. y Dufourmantelle, A., De l'hospitalité: Anne Dufourmantelle invite Jacques Derrida à répondre, Calmann-Lévy, París, 1997. Hay edición en castellano: La hospitalidad, Ediciones de la Flor, Buenos Aires, 2006.

Atkinson, J. y Sweetenham, B., Championship Swim Training, Human Kinetics, EE. UU., 2003.

Jurek, S. con Friedman, S., Correr, comer, vivir, Temas de Hoy, Madrid, 2013.

el placer de nadar

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